Los comunicadores califican mal a Macri y le dan tarea: más conferencias de prensa

En el colegio sería un “bochazo”, pero en la universidad, aprobaría “con lo justo”. Los profesionales de comunicación empresaria de la Argentina respondieron a una encuesta en la que debían calificar del 1 al 10 la política de comunicación del gobierno del presidente Mauricio Macri. Para algunos, es muy buena, para otros, pésima. El promedio fue 4,3. Es flojo para un presidente que supo ser un león en campaña electoral en cuanto a su comunicación.

La nota es producto de una encuesta realizada la semana pasada por la revista Imagen, especializada en comunicación empresaria, a un panel de más de 300 comunicadores corporativos y consultores de prensa, a la que respondieron 91 profesionales.

Nada menos que 64 de esos profesionales accedieron a describir cómo veían la estrategia de comunicación del gobierno de Cambiemos, criticado por ser muy poco explícito para entusiasmar con planes, para comunicar la gravedad de la situación económica heredada y transmitir empatía y esperanza en medio de la crisis económica actual.

“Nula, mediocre, horrible, pobre de contenido, mensajes repetitivos e infantiles, como ‘creo en el futuro de los argentinos’, escasa”, sostuvieron los más críticos que calificaron al Presidente con notas del 3 al 5 en cuanto a su calidad de comunicación. Pero también cosechó algunas buenas notas y comentarios que le permitieron zafar del bochazo: “Está ok, es la correcta, está bien”, dijeron algunos pocos.

En la encuesta, la revista especializada en comunicación apuntó a indagar también en la frecuencia con la que Mauricio Macri sostenía conferencias de prensa. En campaña, el presidente había prometido una por mes. Pero la última que dio fue el 18 de julio. Desde entonces concedió entrevistas a algunos medios y periodistas, pero no se sometió al tradicional formato de conferencia de prensa abierta.

Luego de aquella última conferencia de prensa, el asesor del gobierno, Jaime Durán Barba, escribió en su habitual columna en el diario Perfil lo que piensa el gobierno de ese formato: que los periodistas informan sobre temas que no le interesan al común de la gente, y que en esa conferencia de prensa en la quinta de Olivos habían hecho preguntas sobre inflación y política económica, que serían temas de los que la gente común está harta.

Por el contrario, el gurú ecuatoriano elogió que al día siguiente Macri se presentara en Instagram, donde le preguntaron por temas más “terrenales” tales como si prefiere Tita o Rhodesia o si le molestaba que le dijeran “gato”.

¿No debiera un mandatario moderno sostener más conferencias de prensa abiertas como uno de los canales principales para transmitir los planes del gobierno? ¿Acaso Mauricio Macri no había prometido en campaña sostener una por mes, para diferenciarse de su antecesora?

Cristina Kirchner se sometió solo a una conferencia de prensa real en sus dos mandatos: fue poco después del “voto no positivo” con el que perdió la Resolución 125 en el Senado con la que pretendía aplicar un impuestazo sobre las exportaciones de soja. Nunca más lo hizo.

Para los profesionales de comunicación encuestados, pasó bastante tiempo desde su última conferencia de prensa de Macri: más de dos tercios considera que ese lapso de tiempo fue excesivo, y el 58 por ciento cree que en una situación de crisis económica, la frecuencia de esas conferencias debe ser aún mayor. Solo el 18 por ciento cree que la frecuencia de las conferencias de prensa es intrascendente.

Pero con esta herramienta tradicional de la relación entre el poder y los medios -en representación de la opinión pública- que es la ya clásica conferencia de prensa, todo está cambiando. Barack Obama sostenía una por mes. Donald Trump dio hasta ahora una sola en Washington, luego solo habló con periodistas afines. Sí, en cambio, el mandatario norteamericano aceptó dar bastantes conferencias conjuntas durante sus múltiples viajes de estado con otros mandatarios.

La agencia de noticias Bloomberg incluso publicó una columna proponiendo rescatar a la conferencia de prensa ante actitudes como las de Donald Trump. El francés Emmanuel Macron tampoco fue más prolífico en conferencias de prensa: dio una en París, y luego unas cuantas en sus viajes. Incluso intenta desalojar la tradicional sala de prensa del Palacio del Elíseo.

El recientemente electo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, más allá de la excentricidad de usar una tabla de surf como mesa para los micrófonos en su primera conferencia de prensa como presidente electo, mostró el cuestionable camino al que se dirige en su relación con los medios: no aceptó la presencia de periodistas de la Red Globo ni el diario Folha de Sao Paulo.

En Alemania, las conferencias de prensa en Berlín se suelen realizar desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en una asociación de periodistas que directamente dirigen la conferencia, sin la intervención del clásico jefe de prensa o secretario de Comunicación.

Si hubiera una correlación entre la frecuencia de las conferencias de prensa y la prosperidad de los países, la comparación con Alemania indicaría que la apertura del poder hacia los medios de comunicación contribuye al bienestar de las naciones.

Anticuada, incómoda, los profesionales de la comunicación que respondieron a la encuesta de Imagen sostienen en un 71 por ciento que las conferencias de prensa son parte del ejercicio del poder en democracia, y solo el 4 por ciento estaría de acuerdo con Jaime Durán Barba en que la conferencia de prensa fue reemplazada por las redes sociales.

* El autor es editor de la revista Imagen y conductor de La Hora de Maquiavelo

FUENTE: DIARIO INFOBAE